En los países con democracias realmente avanzadas los funcionarios públicos se confunden con la población en las actividades diarias, por lo que no resulta extraño distinguir a un ministro noruego tomando el autobús hasta sus oficinas, o compartir con un jefe de Gobierno sueco al comprar tomates en el mercado. Algo que en estos países del tercer mundo resulta imposible ver. Por aquí los funcionarios públicos son seres distintos, especiales. Gente que se mueve en anillos de seguridad, en caravanas, que no utilizan sus manos para abrir ni las puertas del baño, que no visitan un supermercado o un colmadón ni producto del azar, y a quienes en muchos casos les rodea una bonanza incompatible con la realidad que vive el resto de los dominicanos.
Cuando el político criollo llega al poder, se crea un entorno y vive en una dinámica que regularmente le provoca una absoluta desconexión con la realidad, o para utilizar a Bosch, le impide escuchar el “corazón del pueblo”. Parece que el Presidente Fernández y muchos de sus funcionarios comienzan a padecer de este mal, pues lucen inflados de éxitos, soberbios y alejados del sentimiento y las necesidades de la población. La gente percibe que estamos ante un Gobierno que no escucha el clamor de que “no hay dinero en la calle”, a pesar de los números fríamente calculados del Banco Central avalados por el FMI y el Banco Mundial. O que miran para otro lado al escuchar las quejas sobre el incremento en los precios de la canasta básica, la escasez de agua y luz, la falta de empleo, o el peso de los impuestos y de las restricciones de Interior. Quieren atribuirle a todo motivaciones políticas. Y no es así. Más bien esta gente es hasta dichosa, ya que estamos ante una oposición incapaz de capitalizar la evidente merma en popularidad que sufren el Presidente y el Gobierno. Una oposición que todavía no despierta interés, o no logra despegarse del funesto pasado que, como sombra, amenaza sus posibilidades de éxito. Pero mucho ojo, que eso es por ahora. Y es que si el Gobierno no cambia de actitud, si no remoza y relanza su gabinete y el alcance de su política social, las cosas pudieran cambiar. Y estos que se creen tan ganados, acabar convertidos en un mar de lágrimas cuando cuenten los votos el próximo 16 de mayo.
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