martes, 7 de agosto de 2007

¿Y dónde está el presidente?

¿Si el país fuera un paciente, habría que convenir en que su estado resulta grave. Hacia cualquier lugar que miremos, el panorama es preocupante y los conflictos corroen el cuerpo del Estado. Veamos: en la Junta Central Electoral, el enfrentamiento entre los jueces Rosario, Aura Celeste y Castaños se ha adueñado de la prensa, y sobrepasó los límites de lo concebible; en la Cámara de Cuentas, el conflicto entre su presidente, y el resto del Pleno no ha disminuido, sino todo lo contrario; en la Suprema Corte, el pleito entre el presidente y el vicepresidente es viejo. En las Fuerzas Armadas y en la Policía el descontento crece, solo que en esta ocasión tiene un trasfondo político. Los militares que estuvieron o están en las cercanías del almirante Pared Pérez parece que han sido dejados de lado y hasta perseguidos por el actual secretario de las Fuerzas Armadas, mientras otro sector, es acusado, de cabildear con Vargas Maldonado. De su lado, en la Policía las quejas están referidas a la tan cacareada reforma policial y a ciertos procedimientos que ha impuesto el jefe policial para combatir la delincuencia, temiendo expresarse para que no se piense que la oficialidad policial está en contra del adecentamiento del cuerpo del orden.
Sí, pero no
Súmense a todo esto los conflictos que Leonel Fernández sostiene dentro de su propio partido con Danilo Medina, con Vargas Maldonado, como principal candidato opositor, y con Amable Aristy Castro, a quien le ha echado los caballos encima. ¿Quieren más? Ahí tienen la corrupción, la inflación, el desastre el Seguro Familiar de Salud, la delincuencia, etc. Es en medio de este panorama estremecedor que uno se pregunta: ¿Y qué está haciendo el Presidente? Es terrible observar la pasividad con que Leonel asume las situaciones descritas más arriba. Nos negamos a admitir que asuma la posición de quien nada tiene que ver con los conflictos que ocurren en los más importantes organismos del Estado, amparado en un supuesto respeto a la independencia de los poderes. Esto es inadmisible porque es el Presidente quien nombra, o al menos propone, a las personas que dirigen y forman tales organismos y, por tanto, es el máximo responsable de lo que ellos hacen. Leonel Fernández no puede ser presidente para unas cosas y no serlo para otras. Sobre todo, porque el destino de la sociedad dominicana en el futuro inmediato depende de que esos conflictos se resuelvan favorablemente. O el Presidente interviene, o ya podemos prepararnos para el reinado del caos, y debe hacerlo sin el temor de ser señalado como autoritario.

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